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domingo, 22 de junio de 2008

Nos vamos a quedar

sábado, 17 de mayo de 2008

Contra todos los males de este mundo

Conviene escribir en caliente para transmitir mejor las sensaciones. Lo que me pasó hace un rato, después del partido con Boca, no lo viví jamás como hincha. Simplemente, cuando Alvaro González tiró ese centro a los cincuenta minutos del ST, y un pibe ignoto la clavó contra un palo, rompí en llanto. Nunca antes había llorado por un partido de fútbol, ni siquiera cuando salimos campeones, pero lo que pasó esta tarde conjugó todos los males que asedian hace tiempo a Racing, y que casi con seguridad lo harán jugar la promoción dentro de unas semanas.

Primero, por esa puta costumbre de perder los partidos, no ya en el último minuto, sino en el último segundo, como pasó -en este mismo torneo- contra Lanús (3-0 que fue 3-3) y Central (una finalísima perdida en Rosario con un inexplicable gol del Kily González que bien podría haber salido de un cuento de Fontanarrosa). Ni hablar del partido con CASLA del campeonato pasado, ese 3-0 que terminó 3-4, también con el desenlace en la última jugada del partido.

Segundo, y esto hay que decirlo porque hace que la agonía sea mucho más dolorosa, la clarísima sensación de que los arbitrajes están perjudicando deliberadamente a Racing desde hace tiempo. No me gusta ponerlo como principal argumento: creo que Racing (o más bien, Blanquiceleste y su gerenciamiento predatorio) es el principal responsable de la situación que vive. Incluso yo nunca alimenté ninguna clase de teoría conspirativa en el fútbol argentino, de esas que imaginan a Grondona prestidigitando el resultado de cada partido desde una lúgubre oficina de la AFA. Pero lo cierto es que cuando a las miserias propias hay que agregarle el empujón deliberado de un árbitro que te tira al bombo, te dan ganas de salir a prender fuego el edificio de Viamonte.

El partido de hoy fue una muestra clara de esto último. La groserísima mano del Pochi Chávez en el gol del empate de Boca es para volver loco al más pintado. El comentarista del partido, Fernando Pacini, viene haciendo comentarios interesantes sobre los arbitrajes que le tocan a Racing. Hoy dijo que "no había forma" de que el juez de línea no haya visto la mano. Lo cual, sutilmente, es una manera de decir que sí la vio y no la cobró. Unas fechas atrás, en el partido que perdimos con Estudiantes (1-2 con tres expulsados, gol del empate anulado y suspensión incluida) Pacini dijo que hacía mucho tiempo que no veía que un árbitro (esa vez fue Beligoy) perjudicara tan claramente a un equipo dentro de una cancha. Yo no sé si Pacini es hincha de Racing o simplemente un hombre de bien que se conmueve ante las injusticias, pero por lo menos me consuela que alguien diga al aire lo que desde las tribunas o la propia TV se hace evidente.

Esta vez le tocó a Maglio, que le dio a Boca el gol del empate con mano incluida, e inexplicablemente adicionó cinco minutos cuando Racing aguantaba el empate con uno menos. Esto no excusa al equipo de volver a perder un partido en el último minuto. Antes que se viniera la noche, a los 25 minutos del ST y cuando todavía ganábamos, le mandé un mensaje a Jesús es amor diciéndole: "esta película la vi muchas veces". Y así fue. La película de ir ganando y terminar perdiendo sobre el final, la del árbitro que te bombea, la de los pibes comidos por los nervios en los partidos importantes, la de quedar cada vez más cerca de una promoción con final incierto. La de sentir que cuando Racing sale a la cancha, juega contra todos los males de este mundo.