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miércoles, 2 de julio de 2008

Una hinchada de Primera

Esta nota debió haberse escrito el domingo por la noche. Con los músculos todavía tensos, las manos temblorosas por los nervios y la emoción de una tarde de salvación en Avellaneda. Pero no pudo ser: hoy es miércoles a la tarde, y mal que mal, las pulsaciones retrocedieron a valores normales. Amerita, aún así, un breve comentario para este blog de quien sufrió en carne propia seis meses de agonía con decimales.
Racing es muy grande. Enormemente grande. Y como tal, debió penar durante un semestre con una situación indigna de su historia, su prestigio y su gente. No es fácil estar ahí: con jugadores que no están a la altura del club, con una mayoría de juveniles quemados en Primera y con el caos institucional de un gerenciamiento predatorio que se fue por la puerta de atrás. No es fácil sobreponerse al fantasma de la mala leche, de los partidos que se pierden sobre la hora, de los goles en offside/con la mano/con falta, de las treinta y pico de fechas sin un penal a favor. Pero sobre todo, no es fácil estar al borde del abismo y sentir que todo un país te empuja para abajo, regodeándose con tu asfixia, celebrando tu angustia, babeándose con ese final tan temido.
Por eso, a no equivocarse: Racing no le ganó en la Promoción solamente al modesto Belgrano de Córdoba. Le ganó a esa gran parte del país (desde la tribuna de Boca que en la última fecha tuvo la gentileza de acordarse de Racing entonando el hit "A la promoción, a la promoción, Academia, a la promoción" hasta los ignotos simpatizantes del humilde Vélez Sarsfield que en este blog dieron rienda suelta a su envidia de equipo chico) que esperaba ansiosa el peor deselance para poder mofarse de la noble hinchada académica. Pero fue esa gente incondicional, la misma que acompaño al equipo durante toda esta nefasta temporada (cabe destacar que en este campeonato Racing terminó último en la tabla de posiciones y tercero en la de recaudación) la que en el momento terminal sacó del pozo a los jugadores y pudo desahogarse como merecía.
Sobre esto último, una aclaración final. La hinchada de Racing no festejó el domingo "como si hubiera ganado un campeonato", lugar común en el que cayeron varios medios, más por la pereza habitual de los periodistas deportivos que por la justeza en la información. Todo lo contrario: para mi propia sorpresa, los jugadores y la hinchada se sacaron el ancla de encima, pero con la moderación y la prudencia de quien sabe que su inmensa gloria le exige festejos mucho mayores.