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viernes, 23 de mayo de 2008

CASLA (Club Atlético Sin Libertadores de América) - Parte II

Sí señores. El fútbol en muchos casos es injusto, feroz, malvado, violento y hasta dañino socialmente. Pero nunca es incoherente históricamente. La Copa Libertadores, como saben los hinchas de todos los equipos que la han jugado, tiene parámetros propios. Se trata del certamen de mayor jerarquía a nivel continental. Y para atravesarla hasta su instancia final hace falta una cualidad esencial: mística.

Y San Lorenzo, claro, no la tiene. Ningún equipo criollo que se precie de "grande" (lo cual en el caso de la escuadra de Boedo es algo por lo menos discutible) puede ir a apelotonarse en su propio área contra un equipo ecuatoriano, de muchísima menor jerarquía en los papeles. Ayer por la noche San Lorenzo parecía Platense, cuando visitaba la Bombonera o el Monumental un domingo por la tarde acosado por la tabla de abajo, cuando un punto era un lingote de oro, cuando ganar eran dos. "Todos atrás y Dios de 9", decía una canción de un olvidable cantautor argentino. Se ve que Dios no estuvo entre los concentrados azulgranas.














Cuando Vélez Sarsfield, conjunto relativamente humilde allá por el año 1994, se tuvo que enfrentar a un estadio Morumbí abarrotado de muchachos ebrios, de miembros de grueso calibre, increíbles bailadores de samba, pobladores de las favelas más pesadas del mundo, que vociferaban descontroladamente para que sus once jugadores de botín exquisito se comieran vivos a esos ignotos Pacha Cardozo, Christian Bassedas, Flavio Zandoná y Omar Asad, como dicen en el barrio, peló lo que había que pelar: huevos. Y es precisamente eso lo que en la Libertadores le faltó siempre al Ciclón, más allá de la hazaña gestada en cancha de River la semana pasada, que tuvo muchísimo sabor a "con esto salvamos el año porque en la primera de cambio que juguemos en alguna cancha remota de América Latina estamos perdidos".

Quizás sus jugadores sientan demasiado fuerte en la joroba el peso de cien años de historia sin obtenciones internacionales de, aunque sea, mediana categoría. Lo cierto es que, como dice otra canción, en este caso popular y tablonezca, al ritmo del "tutá tutá", "Al Cuervo le faltan huevos para ganar la Libertadores / le dicen los Matadores y son las putas del Bajo Flores / las copas que tiene Vélez nunca en la vida vas a tener / Boedo sigue llorando y está de fiesta todo Liniers".


N del R: pido perdón al redactor de la nota previa a esta por duplicar su título, pero sabrá entender que no podíamos privarnos de este momento.